Un estudio llevado a cabo por investigadores del Boston Children’s Hospital, publicado en la revista PLoS ONE en junio 2014, ha revelado un posible vínculo biológico entre la formación musical temprana y la mejora de la función ejecutiva en niños y adultos.
La función ejecutiva comprende aquellos procesos cognitivos de alto nivel que permiten a las personas procesar y retener información, regular sus conductas, tomar buenas decisiones, resolver problemas, y planificar y adaptarse a las cambiantes y rápidas demandas mentales.
El trabajo ha examinado mediante imágenes por resonancia magnética las áreas del cerebro asociadas con la función ejecutiva, y ha ajustado los resultados en base a posibles factores socioeconómicos.
Según los investigadores, la función ejecutiva es un fuerte predictor de rendimiento académico, incluso más importante que el coeficiente intelectual.
Los investigadores compararon 15 niños musicalmente entrenados, de 9 a 12 años, con un grupo control de 12 niños no entrenados de la misma edad. Los niños entrenados tenían que haber tocado un instrumento durante al menos 2 años en clases de música regulares y privadas. De media, estos niños habían practicado durante 5,2 años 3,7 horas por semana, y habían comenzado con una media de 5,9 años. Del mismo modo, los investigadores compararon de forma similar a 15 adultos que eran músicos profesionales activos con 15 no músicos. Ambos grupos de control no tenían ninguna formación musical más allá de los requisitos generales de la escuela.
Dado que los factores demográficos familiares pueden influir en si un niño recibe clases particulares de música, los investigadores también compararon los grupos no músicos/músicos a partir de la educación de los padres, el estado laboral paterno y particular (para los adultos) y el nivel de ingresos familiar. Los grupos, también emparejados por el coeficiente intelectual, se sometieron a una batería de pruebas cognitivas, y a los niños también se les sometió a resonancia magnética durante la prueba.
En las pruebas cognitivas, los músicos adultos y niños musicalmente entrenados mostraron una mejora del rendimiento en varios aspectos de la función ejecutiva. En las imágenes cerebrales, los niños con formación musical mostraron una mayor activación de áreas específicas de la corteza prefrontal relacionadas con la función ejecutiva durante una prueba a través de la cual se les hizo cambiar entre diferentes tareas mentales.
La función ejecutiva no sólo es útil académicamente. Cada día, permite asimilar y retener información rápidamente, ajustar su conducta al contexto o incluso tomar las decisiones correctas. En algunas personas y en determinadas patologías, como la hiperactividad, esto plantea un problema. Los resultados también pueden tener significado para los niños y adultos que sufren de trastornos de la función ejecutiva, como los niños con trastorno por déficit de atención con hiperactividad o los ancianos.





